El Gas Natural: un eslabón clave en el proceso de transición energética.

Publicado originalmente en Global Energy. febrero de 2022.

El fundamento de una política de seguridad energética parte del adecuado entendimiento de la sustentabilidad energética, la cual debe combinar fuentes de suministro conjuntas: hidrocarburos y energías alternas. Cada país tiene circunstancias muy particulares en el consumo de energía con base en el tipo de industrias que mayor impactan su PIB, bien sea manufactura, transporte o cualquier otra, esto condiciona el efecto de cada una en la generación de emisiones y en sus economías en general.

Una experiencia interesante relacionada con la falta de una estrategia integral de sustitución de fuentes de energía fósil ocurrió recientemente en California, donde fueron sustituyendo plantas de ciclo combinado para la generación de electricidad por fuentes de energía solar y eólica, sin el adecuado análisis de la dimensión de la demanda y la realidad de la oferta de este tipo de energías, atendiendo más a decisiones políticas y sociales que técnicas. Estas decisiones crearon un déficit en el suministro, lo cual obligó al gobierno estatal a reiniciar las operaciones en cinco plantas de gas natural para prevenir el riesgo de fallas intermitentes y apagones totales del sistema, con las severas consecuencias para los consumidores, tanto industriales como domésticos.

Hablar de una transición energética sostenible va más allá de un cambio en la fuente de energía y dejar de usar los recursos fósiles, atendiendo a las protestas de ambientalistas profesionales. La economía mundial necesita de los hidrocarburos para satisfacer la demanda de energía y así seguirá por los próximos 20 años, de acuerdo con los análisis y pronósticos hechos por la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las empresas privadas del sector y las organizaciones que se han involucrado en el tema del cambio climático.

En opinión de los expertos el siguiente paso a gran escala de la transición energética es el incremento en el consumo del gas natural y el gas licuado de petróleo para sustituir el carbón y el diésel. Podemos decir que este paso ya está en marcha cuando vemos el incremento del consumo de gas en Europa, Asia y Estados Unidos, y que muchos atribuyen al severo invierno; no obstante, la recuperación económica en esos países es un factor que seguirá impulsando la demanda. Actualmente el gas se usa como combustible en plantas generadoras de electricidad y también en procesos petroquímicos para la producción de amoniaco, aceites orgánicos comestibles y fibras sintéticas, entre otros.

Las reservas probadas de gas a nivel mundial son actualmente del orden de los 7.0 trillones de pies cúbicos (TPC), y cerca del 40% se encuentran ubicadas en países del medio oriente, destacando Qatar y Arabia Saudita. El gas natural cumple hoy un papel clave en la transición hacia las energías renovables y mantendrá su rol en el futuro de la energía sostenible de acuerdo con la AIE. La participación de este combustible en la matriz energética aumentará alrededor del 30% para 2040 y crecerá a una tasa estimada del 1.5% interanual a partir del año 2022.

Además de las vastas reservas existentes, incluyendo los yacimientos no convencionales que ya se encuentran en producción, principalmente en Estados Unidos y Argentina, el gas facilita la transición hacia el uso del hidrógeno, el cual es un combustible limpio y además produce mayor energía por kilo que cualquier otro. El hidrógeno es considerado el combustible más completo, más eficiente y limpio. Como combustible puede generar energía eléctrica, y ésta, a su vez, genera hidrógeno, creándose de esta manera un ciclo virtuoso de energía renovable, sin impacto para el ambiente. Actualmente el hidrógeno proviene en su totalidad del gas y del petróleo, se asocia con el carbono para formar gas metano y con el oxígeno para formar el agua, el cual es el líquido más abundante en nuestro planeta. Para obtenerlo existen varios procesos, entre ellos la electrólisis del agua, la gasificación del carbón y la transformación molecular, los cuales ya están en uso a nivel industrial en varios países.

Los expertos en el tema opinan que la forma más limpia para obtener metano sin contaminar es el uso de energías renovables, como la eólica y la solar, en procesos de electrólisis que faciliten la liberación de moléculas de hidrógeno. La cantidad de energía eléctrica requerida para este proceso es tan grande que lo hace inviable económicamente. Es decir, no compite con otras opciones de generación de energía. Esta realidad ha impulsado aún más el interés por buscar opciones que puedan ser más competitivas en la generación de hidrógeno, lo cual incluyen el uso de paneles foto eléctricos y químicos para la descomposición directa del agua. Sin embargo, sigue siendo un proceso costoso para su consumo.

Llama la atención el poco interés que este tema ha tenido en México después de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) celebrada en Glasgow y el compromiso de descarbonización allí acordado, que exige a todos los países el logro de metas concretas en la disminución del carbono emitido por sus industrias contaminantes y el transporte. A pesar de lo anterior, la discusión diaria en nuestro país tiene que ver más con el avance de la construcción de la refinería de Dos Bocas, y la activación de la refinería de Deer Park en Texas, dos proyectos que contribuirán a generar más productos emisores de carbono, lo cual no contribuye con los compromisos asumidos por el país, para ir en la dirección acordada en la COP26.