Energías fósiles vs Energías alternas: juego o realidad.

Publicado originalmente en Global Energy – octubre 2020

La historia de la humanidad ha sido escrita por empresarios e innovadores dispuestos a cambiar lo que les rodea. La energía y los  hidrocarburos – en particular el petróleo – han sido causa y raíz de muchos cambios en el mundo, y han sido factores primordiales en la generación de riqueza y bienestar de la humanidad.

La perforación del primer pozo petrolero en Estados Unidos en 1859 – hecho que marcó la llegada del petróleo a la humanidad al permitir el acceso a depósitos de hidrocarburos ubicados en el subsuelo – y la incorporación de la refinación para descubrir la riqueza orgánica y química que el petróleo tenía, fueron dos hitos que marcaron el nacimiento de la industria petrolera y el desarrollo de la industria de los hidrocarburos a nivel mundial. Desde ese entonces – más de un siglo y medio – la industria petrolera y en especial el commodity que ella genera – el petróleo – llegaron y siguen en el presente, siendo líderes en el crecimiento energético y económico a nivel mundial.

No obstante, en este año 2020 con la aparición de la pandemia del COVID19, la industria ha sufrido quizá el golpe más fuerte en toda su existencia.  No solo ha sido la contracción de la economía y su impacto en el mercado y los precios;  también han sido las consecuencias de la expansión de la pandemia entre los trabajadores y su efecto en las operaciones, que se ha extendido durante todo el año.

En el año 2005 se inició un ciclo de incrementos de precios del petróleo que tuvo su máximo en el año 2007 cuando superó los 140 dólares el barril, y esto fue atribuido por estudiosos y expertos del mercado al déficit en la demanda. Para otros expertos, simplemente se había llegado al famoso “pico de producción” anunciado por Hubbert en el año 1956.

Ahora, en esta crisis del COVID19, algunos expertos vienen asociando linealmente la crisis pandémica con la energía fósil, y han utilizado este argumento para atacar a la industria petrolera, recordando su origen depredador del ambiente, calificativo atribuido desde el tristemente famoso accidente del buque tanque Exxon Valdez en el año 1989.

Se nos olvida a veces que los dos grandes productos derivados del petróleo a lo largo de la historia han sido los combustibles y los lubricantes. Los primeros, se fueron usando progresivamente para el trasporte principalmente, autos y aviones, calentamiento de hogares y oficinas, y la generación de energía eléctrica. Los segundos, se convirtieron en insumos base para extender el ciclo de vida en cualquier dispositivo o maquinaria que tenga movimiento: bombas, compresores, maquinarias y motores de autos.

Las energías alternas vienen siendo desarrolladas de manera intensa en los últimos 30 años y han logrado avanzar como commodity competitivo de los hidrocarburos y el carbón en algunas áreas, principalmente la generación eléctrica y en el transporte, específicamente los autos, que desde los años 80 iniciaron su migración a motores híbridos – combinando el motor tradicional que usa gasolina y el motor eléctrico accionado por baterías recargables. Ya iniciando el siglo XXI se presentaron las primeras versiones de autos eléctricos, y hoy día se ofrecen en el mercado, a precios mayores que los vehículos de motor de combustión interna, pero ya comienzan a competir en ese nicho de negocios.

También, desde hace años se viene avanzando en la implementación de parques de plantas eólicas y solares, pero aun el costo de generación de un KWH es bastante más alto que el producido por medio de plantas que trabajan con gas, diésel o carbón. Pareciera que las energías alternas siguen progresando de una manera consistente, pero lenta y su demanda está atada a la ley de la oferta y la demanda como cualquier commodity, y ello limita la velocidad de su desarrollo y crecimiento.

La reducción en las inversiones para el desarrollo de proyectos petroleros, tiene que ser compensada por inversiones en otro tipo de proyectos que den sostenibilidad a la creación de valor de cualquier empresa. Quienes dirigen las empresas privadas deben rendir cuentas a sus accionistas y estos esperan un rendimiento de su inversión mejor que otras opciones en el mercado, de lo contario, retiran sus fondos y las empresas se quedan sin el apoyo financiero necesario para poder crecer.

En las empresas nacionales, las carteras o portafolios se sustentan en el desarrollo de proyectos para extraer reservas y convertirlas en volúmenes de petróleo y gas a disponer en el mercado, o para satisfacer las demandas de sus unidades internas de refinación. Ello tiene que ver mucho con el tema de seguridad y soberanía energética, pero también que son empresas poseedoras o dueñas de volúmenes importantes de reservas, y con recursos prospectivos abundantes, es decir reservas a futuro.

En el caso de México, por muchos años no se contó con una estrategia integral de crecimiento, en su cadena de valor, incluyendo los negocios, de exploración, producción, refinación, gas y petroquímica, y después del descubrimiento de Cantarell, se dedicaron a su explotación, sin balancear adecuadamente los requerimientos internos de petrolíferos y la exportación, y su sistema de refinación siempre estuvo por debajo de las necesidades del país.

De allí la estrategia del gobierno actual respecto a las 6 refinerías existentes, al querer recuperar su capacidad de procesamiento que se encuentra en menos del 50% de su capacidad de diseño, el cual supera el millón de bpd, y además incrementar esa capacidad en unos 300 mil bpd mediante la construcción de una nueva refinería.

Muchos señalan que esta estrategia del Estado mexicano va en sentido contrario a lo que están haciendo “las otras empresas internacionales”; y la realidad de la industria es que solamente una empresa ha hecho pública su estrategia de reducir la producción de energía fósil o hidrocarburos en los próximos años, para empezar a producir energías alternas. Esta empresa (BP) ya había anunciado esto hace más de 30 años y hasta el significado de las iniciales de su nombre los cambió de British Petroleum a Beyond Petroleum. Obviamente las realidades del mercado pudieron más que los buenos deseos de sus ejecutivos en ese momento. La pregunta ahora es: ¿Lo harán esta vez?, o será un nuevo deseo de los ejecutivos que la dirigen actualmente.

Las proyecciones de todas las empresas y la más confiable de la Agencia Internacional de la Energía, IEA, siguen viendo a la energía fósil (petróleo, gas y carbón) como preponderante en los próximos 30 años, con cierto crecimiento de las energías alternas; y si ese es el caso, existen razones muy justificadas para que el negocio de la oferta de la energía se mantenga como siempre “business as usual”, a pesar de lo que puedan expresar representantes de algunas empresas privadas.